martes, 24 de mayo de 2011

"El liderazgo masculino o se aplica a todas las áreas o no se aplica a ninguna"

De acuerdo a Sarah Sumner, la lógica del liderazgo masculino debe aplicarse a todas las áreas. Si no se aplica, entonces quedaría demostrada la inconsistencia del complementarianismo. Parece que algunos evangélicos en el Perú, también, siguen esa misma lógica para tomar decisiones electorales. La línea de razonamiento de Sumner es así:
Si es incorrecto que una mujer enseñe a un varón sobre la base del orden de la creación, entonces debe ser incorrecto que una mujer le dé lecciones de piano a un varón. Si per se la enseñanza de ella hacia él trastorna el orden de la creación, entonces cualquier cosa que ella le enseñe debe ser considerada incorrecta. En otras palabras, si es incorrecto en principio para lo segundo enseñar lo primero, entonces es incorrecto para una mujer enseñar a un varón... Es ilógico creer que es incorrecto desafiar el orden de la creación solamente en la "casa de Dios"... Si el orden de la creación es un principio general, entonces debería ser aplicado en todos los ámbitos. En lugar de ello, es aplicado inconsistentemente y selectivamente[1]

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[1] Sarah Sumner, Men and Women in the Church: Building Consensus on Christian Leadership (Downers Grove: InterVarsity Press, 2003), 227.

Keiko, Ollanta, la Biblia y la cuestión del género

En el Perú, este próximo 5 de junio del presente, se realizará la segunda vuelta para la elección presidencial. Los candidatos son Keiko Sofía Fujimori Higuchi y Ollanta Moisés Humala Tasso. La coyuntura es interesante porque entre algunos cristianos evangélicos en el Perú la cuestión del género constituye un factor determinante para decidir su voto. Obviamente, la candidata de género femenino es la afectada electoralmente por quienes no le darían su voto por causa de su género. La lógica, según algunos, es muy simple.
La mujer no debe ejercer dominio sobre el varón,
Tal candidata es mujer
Ser presidente le daría dominio sobre los varones (incuído su esposo),
Por tanto, no se debe votar por ella.
Se apela a 1 Timoteo 2.12:
Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.
διδάσκειν δὲ γυναικὶ οὐκ ἐπιτρέπω οὐδὲ αὐθεντεῖν ἀνδρός, ἀλλ᾽εἶναι ἐν ἡσυχίᾳ.
Por otro lado, se opina que como mujer joven, debería ser cuidadosa de su casa apelando a Tito 2.3-4.
Este tema es muy sensible. Las personas generalmente reaccionan con adjetivos y argumentos ad hominem, algo que simplemente no vale la pena hacer porque tal proceder impide todo diálogo. Lo que me interesa es la línea exegética que se sigue para hacer afirmaciones de este tipo. Debemos evaluar nuestros procesos exegéticos por medio de los cuales arribamos a conclusiones. Es necesario formular preguntas exegéticas como: ¿Eso era lo que Pablo quiso decir a los hermanos y hermanas de Éfeso y de Creta? ¿Así entendieron las palabras paulinas tanto los hermanos y hermanas de Éfeso como los de Creta?

Ver también:
"El liderazgo masculino o se aplica a todas las áreas o no se aplica a ninguna"
Grudem y el supuesto liderazgo masculino en todas las áreas

sábado, 14 de mayo de 2011

Estamos gozosos por el nacimiento de nuestra hijita

 Mi bella esposa y nuestros hermosos hijos.
Mi esposa y nuestra preciosa bebé, Verité.

El día jueves 12 de mayo del 2011, a las 01:59 AM, nació nuestra bebé. Su nacimiento estaba programado para el 22 de mayo, se adelantó por 10 días. Quería compartir esta grata noticia, gozándonos por nuestra nueva herencia de Jehová, pues "He aquí, herencia de Jehová son los hijos" (Sal. 127.3). Nuestra hijita se llama Verité (fr. "verdad") en alusión a las palabras de Jesucristo registradas en Juan 8:32:
"y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres".
Y como lo traduce la versión francesa de la Biblia de Jerusalén:
"et vous connaîtrez la vérité et la vérité vous libérera".
Dios sea glorificado en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Comentario bíblico sobre Sofonías, Habacuc y Abdías de Cornelio Rivera

Rivera, Cornelio
Advertencia, Juicio y Restauración (para adquirirlo se puede visitar la página de la Librería Editorial Cristiana)
Un comentario exegético y homilético: Sofonías, Habacuc y Abdías
Prólogo de Evis Luis Carballosa
Buenos Aires: Librería Editorial Cristiana, 2010. 478 páginas.

Todos quienes hemos escuchado al hermano Cornelio Rivera hemos sido impactados por su claridad y sencillez con que expone las Escrituras. Y, quienes hemos disfrutado de su trato cordial, podemos anticipar que la lectura de un comentario escrito por el hermano Rivera es algo que se disfrutará. Pues, precisamente, este comentario ha cautivado mi atención por las siguientes razones.
Este comentario llena un enorme vacío en la literatura evangélica de habla hispana. Los comentarios exegéticos acerca de los libros del Antiguo Testamento escritos por autores evangélicos de habla hispana son escasos, y más aún tratándose de los profetas menores. El hermano Cornelio Rivera, en este trabajo, evidencia un manejo de la gramática hebrea que le permite explicarnos con maestría los aspectos semánticos, sintácticos y contextuales del texto de Sofonías, Habacuc y Abdías.
El hermano Cornelio Rivera presta atención a los aspectos contextuales en el proceso de la exégesis. Al inicio de la obra nos provee del trasfondo histórico necesario para comprender el mensaje de los profetas que fue dado en el tiempo y en el espacio.
En el comentario, el hermano Cornelio Rivera nos brinda junto con el texto de la Reina-Valera 1960 su propia traducción del texto hebreo. Al estudiante del Antiguo Testamento interesado por comprender los matices del hebreo esta traducción es una herramienta de inestimable valor.
Por ejemplo, comentando acerca de un texto muy conocido, y hasta cantado en nuestro contexto, como lo es Sofonías 3.17, el hermano Cornelio lo traduce (pp. 185-186):
17 Yahweh tu Dios está en medio de ti;
poderoso Él salva;
se delita contigo con alegría;
te hace callar con su amor;
se goza por ti con gritos de jubilo.
Luego, comentando la frase "se goza por ti con gritos de júbilo", el hermano Cornelio dice (pp. 187-188):
Mientras que Yahweh silencia y pone fin al sufriente clamor y desesperación de Israel, el propio sentir divino se les anuncia diciéndoles que Él "se goza por ti con gritos de jubilo". La raíz del verbo que aquí se usa para "gozar" ( גיל ) tiene como sentido primordial la idea de rodear, de donde se deriva el concepto de efusivamente demostrar júbilo dando vueltas en círculo. Este habría sido un sentir que Israel entendía, porque era algo que lo habían expresado en conexión con la liberación que Yahweh les proveía (Sal. 13:5[6]; 14:7; 16:9-10; 21:1; 118:24-25; Is. 9:3[2]; 35:1-2). Pero ahora es Yahweh mismo quien lo hace, habiendo purificado a la nación y habiéndoles restituido a una posición de bendición. La satisfacción y aprobación divina de su pueblo se da a conocer públicamente en forma audible. "Gritos" es el sustantivo que corresponde al imperativo "grita" del v. 14. El empleo de la raíz en el AT, en forma preponderante es para indicar, no un cántico como hoy día se conoce (RVR60; LBA "cantos") sino un sonido fuerte y audible, el cual puede ser un exclamación de dolor ("clamor" 1 R. 8:28; 2 Cr. 6:19; Sal. 17:1; 61:1; 88:2; 106:44; 119:69; 142:6[7]; Jer. 7:16; 11:14; 14:12), o de "júbilo" (Sal. 47:1; 105:43; 107:22; 118:15). El contexto habrá de determinar cuál es la intención, y en Sofonías es claro que el grito es uno de júbilo, por lo cual se ha añadido esta palabra en letra cursiva. [lo subrayado es mío]
La lectura de este comentario manifiesta la pericia exegética del hermano Cornelio Rivera.
Finalmente, una de las características de las exposiciones del hermano Cornelio Rivera es su forma de aplicar la Biblia y resaltar la relevancia de los oráculos antiguos al hombre de hoy. Para ello, el hermano Rivera ha incluido en su obra apuntes para la predicación. Estos apuntes están constituidos por un
• Resumen descriptivo,
• Idea exegética,
• Idea homilética,
• Puntos principales de predicación,
• Conclusión,
• Título del mensaje con su introducción.
Es un placer dar la bienvenida a este trabajo del hermano Cornelio Rivera, y esperamos que su pluma siga produciendo obras de esta naturaleza para la edificación del pueblo de Dios.

martes, 3 de mayo de 2011

Salomón y el día de la madre

"En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él".
1 R 3.16
En estos días previos al día de la madre, la mayoría aprovecha el tiempo para rebuscar los mejores adjetivos para dedicárselos. También, buscamos relatos bíblicos que nos confronten, y nos presenten el paradigma de la maternidad a seguir. Frente a la pérdida del instinto maternal en algunas mujeres de nuestra sociedad occidental que se caracteriza por ser predatoria, ególatra y consumista, es urgente ser confrontados con la Biblia. Una historia bíblica que suele evocarse en este tiempo es la de aquellas dos mujeres que ante Salomón exigieron justicia. Este relato constituye una de las historias más conocidas del Antiguo Testamento.
Como evidencia de que Dios le había dado a Salomón “corazón sabio y entendido” (1R 3.12), ahora la sabiduría otorgada es puesta a prueba. Dos mujeres, madres, acuden por justicia ante el sabio rey Salomón. Algo que comúnmente se olvida, o se omite por escrúpulos, es que estas dos mujeres eran prostitutas. Tal dato quiso ser disimulado por los antiguos maestros del Targum usando la palabra “mesoneras”. Pero, tales intentos son incorrectos. La Reina-Valera 1960 correctamente traduce el sustantivo זֹנ֖וֹת como “rameras” (זֹנָה, “prostituta, ramera”). En el antiguo Cercano Oriente la prostitución sagrada y secular fue practicada. Las mujeres que la practicaban eran esclavas, hijas vendidas por sus padres, mujeres pobres que nunca tuvieron la oportunidad de casarse o que habían perdido a sus esposos. La expectativa normal de una mujer en aquellos tiempos era casarse, vivir en la casa del marido y cuidar de los hijos. En cambio, la situación de una ramera ante la sociedad era de desprecio. El relato resalta, por tanto, que Salomón no sólo tuvo sabiduría, sino que actuó imparcialmente respetando el derecho a juicio de dos mujeres que pertenecían a lo desdeñado por la sociedad.
Lo impresionante de la historia no sólo es la sabiduría de Salomón, sino el profundo afecto maternal y el sentido de compasión de aquella ramera. Salomón, con su forma de proceder, hizo que aflorase los sentimientos maternales de aquella mujer con tal de salvaguardar la integridad física de su hijo. Porque siendo malos sabemos hacer cosas buenas por nuestros hijos (Mt 7.11). Pero, eso bueno no satisface la justicia Divina. La provisión del Hijo que nos sustituyó hizo posible nuestra redención (Ro 3.20-26).
En una ocasión una mujer pecadora se acercó a Jesucristo (Lc 7.36-50). No se especifica qué pecado era distintivo en dicha mujer. Si los textos posteriores registrados por H. L. Strack y P. Billerbeck (Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch, 2:162) reflejan las actitudes de los judíos del primer siglo, entonces es probable que la mujer fuera una prostituta. Quizá era una mujer que tenía una ocupación deshonrosa o era adultera. En todo caso, la actitud de Jesucristo hacia los pecadores fue escandalosa. Pero, Jesucristo ofrece perdón a los pecadores y no los excluye como no lo hizo el propio Salomón.
Ese instinto maternal, puede ser transformado en amor trascendente hacia Jesucristo quien no fue partido en dos por una espada, sino fue horrendamente crucificado para librarnos del hoyo cenagoso. El perdón en Jesucristo produce el amor hacia Él como evidencia de haber experimentado Su Gracia.
"Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama" (Lc 7.37).
Aprovecho en expresar mi gratitud a mi madre, María del Pilar Medina de Rojas y a mi amada esposa Magali Arévalo, quienes no sólo aman a sus hijos, sino, por encima de todo, a Su Salvador. Un saludo a todas las madres. Que como hijos obedezcamos el mandamiento:
כַּבֵּד אֶת־אָבִיךָ וְאֶת־אִמֶּךָ
Honra a tu padre y a tu madre
Ex. 20.12

domingo, 24 de abril de 2011

La resurrección de Cristo y la regeneración

De acuerdo a Wayne Grudem, la resurrección de Cristo asegura la regeneración del creyente:

Pedro dice que “por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva” (1 P 1:3). Aquí se relaciona explícitamente la resurrección de Jesús con nuestra regeneración o nuevo nacimiento. Cuando Jesús se levantó de entre los muertos tenía una nueva calidad de vida, una “vida de resurrección” en un cuerpo y espíritu humanos que eran perfectamente apropiados para obediencia y compañerismo con Dios para siempre. En su resurrección, Jesús ganó para nosotros una vida nueva como la suya. No recibimos todo lo de esa nueva “vida de resurrección” cuando nos hacemos cristianos, porque nuestros cuerpos permanecen como eran, sujetos todavía a la debilidad, el envejecimiento y la muerte. Pero en nuestro espíritu somos vivificados con el nuevo poder de la resurrección. De manera que es por medio de su resurrección que Jesús ganó para nosotros la nueva clase de vida que recibimos cuando “nacemos de nuevo”. Esta es la razón por la que Pablo puede decir que Dios “nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó” (Ef 2:5-6; cf. Col 3:1). Cuando Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, nos consideró en cierta forma resucitados “con Cristo” y, por tanto, merecedores de los méritos de la resurrección de Cristo. Pablo dice que su meta en la vida es “conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección...” (Fil 3:10). Pablo sabía que aun en esta vida la resurrección de Cristo le daba un poder nuevo para el ministerio cristiano y la obediencia a Dios.[1]
En nuestra congregación, la iglesia bautista de Fe, disfrutamos de un hermoso tiempo celebrando a Jesucristo. Tuvimos ocho hermanos obedeciendo a Cristo pasando por las aguas del bautismo que ilustra  oportunamente la verdad de la relación entre resurrección y regeneración (cf. Romanos 6.1-11). ¡Espero que hayan tenido un Feliz Domingo de Resurrección 2011!
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[1] Wayne Grudem, Teología Sistemática (Miami: Vida, 2007), 645-646.

sábado, 23 de abril de 2011

John Piper: Cincuenta razones del porqué Jesús vino a morir

En su libro La Pasión de Jesucristo (en inglés Fifty Reasons Why Jesus Came to Die]), el pastor John Piper nos recuerda 50 razones por las cuales Jesucristo vino a morir en una cruz:

1 Para absorber la ira de Dios
2 Para complacer a su Padre celestial
3 Para aprender obediencia y ser perfeccionado
4 Para lograr su propia resurrección de entre los muertos
5 Para mostrar la riqueza del amor y la gracia de Dios por los pecadores
6 Para mostrar su propio amor por nosotros
7 Para cancelar las demandas de la Ley contra nosotros
8 Para convertirse en rescate por muchos
9 Para el perdón de nuestros pecados
10 Para proveer la base de nuestra justificación
11 Para completar la obediencia que se convierte en nuestra justificación
12 Para cancelar nuestra condenación
13 Para abolir la circuncisión y todos los rituales como base de la salvación
14 Para llevarnos a la fe y mantenernos fieles
15 Para hacernos santos, intachables y perfectos
16 Para darnos una clara conciencia
17 Para obtener todas las cosas que son buenas para nosotros
18 Para sanamos de enfermedades morales y físicas
19 Para dar vida eterna a todo el que cree en Él
20 Para redimirnos del presente siglo malo
21 Para reconciliarnos con Dios
22 Para llevarnos a Dios
23 Para que podamos pertenecer a Él
24 Para darnos seguro acceso al Lugar Santísimo
25 Para convertirse para nosotros el lugar donde nos reunimos con Dios
26 Para poner fin al sacerdocio del Antiguo Testamento y convertirse en el Sumo Sacerdote eterno
27 Para ser un sacerdote compasivo y competente
28 Para librarnos de la futilidad de nuestro linaje
29 Para librarnos de la esclavitud del pecado
30 Para que pudiéramos morir al pecado y vivir a la justicia
31 Para que muriésemos a la Ley y llevemos frutos para Dios
32 Para que podamos vivir para Cristo y no para nosotros
33 Para hacer de su cruz la base sobre la cual nos gloriamos
34 Para que podamos vivir por fe en Él
35 Para dar al matrimonio su más profundo significado
36 Para crear un pueblo celoso de buenas obras
37 Para llamarnos a seguir su ejemplo de humildad y valioso amor
38 Para crear una legión de seguidores crucificados
39 Para librarnos de la esclavitud del miedo a la muerte
40 Para que estuviésemos con Él inmediatamente después de la muerte
41 Para asegurar nuestra resurrección de entre los muertos
42 Para desarmar a los principados y a las potestades
43 Para desatar el poder de dios en el evangelio
44 Para destruir la hostilidad entre las razas
45 Para rescatar a las personas de todo linaje, lengua, pueblo y nación
46 Para reunir a sus ovejas dispersas por mundo
47 Para rescatarnos del juicio final
48 Para alcanzar su gozo y el nuestro
49 Para que seamos coronados con gloria y honor
50 Para mostrarnos que el peor mal Dios lo encamina a bien

jueves, 21 de abril de 2011

"...resucitado para [διά ] nuestra justificación" Romanos 4.25

Esta cláusula está construida como un parallelismus membrorum:

ὃς
παρεδόθη   διὰ       τὰ        παραπτώματα     ἡμῶν
καὶ
ἠγέρθη       διὰ      τὴν        δικαίωσιν           ἡμῶν.

El paralelismo podría sugerir prima facie que la preposición διά en ambas cláusulas debería tener el mismo sentido. Sin embargo, debido a que en la segunda cláusula el sentido causal difícilmente encaja con la expresión, debe haber otra forma de entender el uso de las preposiciones. De acuerdo al Dr. Murray J. Harris habría tres probables soluciones: (1) διά tiene un sentido final en ambas cláusulas; (2) διά es causal en la primera cláusula y final en la segunda; (3) διά es causal en ambas cláusulas: v. 25a “a causa de (la necesidad de expiar)” y v. 25b “a causa de (la necesidad de lograr o confirmar)”.[1] A mi juicio, este paralelismo contiene ideas contrapuestas. Hay un contraste entre los pasivos (1) παρεδόθη implica muerte y (2) ἠγέρθη implica vida; entre los sustantivos en acusativo (1) παραπτώματα, en plural, implica culpabilidad y (2) δικαίωσιν, en singular, implica inocencia. Si es así, entonces habría distinción en el uso de διά en cada una de las frases preposicionales. Esto no quiere decir que διά tenga varios significados, sino que el contexto nos ayuda a determinar la dirección causal de esta preposición. Si esto es correcto, διά en la primera cláusula es restrospectivo pudiéndose traducir como “a causa de”, y διά en la segunda cláusula es prospectivo pudiéndose traducir como “para”.[2] La resurrección es el sello de la aprobación divina de la obra de Cristo.[3]

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[1] Cf. Murray J. Harris. “Appendix: Prepositions and Theology in the Greek New Testament”, en NIDNTT, 1184.
[2] Cf. E. H. Gifford, The Epistle of St. Paul to the Romans (Londres: John Murray, 1886), 109; Sanday-Headlam, 116.
[3] Cf. Harris, op. cit., 1184.

martes, 19 de abril de 2011

Importancia de la resurrección de Cristo

Al acercarnos al Domingo de Resurrección, estoy releyendo los siempre emocionantes relatos bíblicos de la resurrección del Señor Jesús. También, estoy revisando principalmente dos estudios dedicados a ello. El trabajo de George E. Ladd y el voluminoso estudio de N. T. Wright. 
El apóstol Pablo destaca la relevancia del hecho de la resurrección de Jesucristo en los siguientes términos:
14 y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe. 15 Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que Él resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Pues si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; 17 y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido.
1 Corintios 15:14-18 (LBLA)

No cabe duda que la resurrección está en el centro de nuestra fe. Y, como dice el profesor Ladd:
Empero si Jesús no resucitó, la historia de la redención termina en el callejón sin salida de una tumba palestina. Entonces resulta que Dios no es el Dios vivo, ni es el Dios de los que viven, como dijo Jesús (Mr. 12:27). La muerte es más poderosa que Dios; la muerte es más poderosa que la palabra de Dios. Se demuestra que los actos de Dios son vanos ante el mayor enemigo del hombre: la muerte. No se puede descartar la resurrección y al tiempo aceptar el testimonio de la Biblia tocante a la historia de la redención.[1]
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[1] George E. Ladd, Creo en la resurrección de Jesús (Miami: Caribe, 1977), 189.

Otros breves artículos que publiqué sobre la resurrección son:
Las mujeres y la resurrección
Martin Hengel y la resurrección de Jesús

Testigos de la resurrección

Es evidente que la palabra “testigo” (μάρτυς) en el libro de los Hechos retiene la carga semántica de trasfondo legal. El testigo es alguien que certifica la ocurrencia de un hecho, y lo único que cuenta es su palabra. La prueba del testimonio es que la palabra dada corresponda con la realidad. Pero, ante un hecho irrepetible y pretérito, el testimonio cristiano firma su declaración con la sangre. El testigo está frente a todos nosotros trayéndonos el bendito mensaje del Jesús resucitado. Me llama muchísimo la atención que en el libro de los Hechos el sustantivo μάρτυς está íntimamente relacionado con la proclamación del Cristo vivo: Hch 1.3 cf. 1.8; 1.22; 2:32; 3:15; 5:32; 10:39,41; 13:31.
El Dr. George E. Ladd, en su refinado estilo, lo expresa así:
El hecho de que la resurrección continuó siendo el punto central de la proclamación de los cristianos se comprueba por las reseñas de sermones posteriores. Cuando el evangelio fue llevado a los gentiles por vez primera, Pedro hizo a Cornelio una brevísima declaración tocante a la vida y la muerte de Jesús. Luego afirmó: "A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos". (Hch. 10: 40-41). Pedro dio testimonio, no sólo de la resurrección, sino de la reanudación de su propia experiencia de comunión con el Señor resucitado.[1]

Celebremos la resurrección de Nuestro Salvador, y agradezcamos a Dios por el testimonio apostólico que tiene la impronta de la sangre.


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[1] George E. Ladd, Creo en la resurrección de Jesús (Miami: Caribe, 1977), 54.