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Deslinde

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miércoles, 6 de agosto de 2008

La "reforma del espíritu"

"...pero también vamos a la reforma del espíritu que nos hará más solidarios y cumpla cada uno con su deber"
Presidente Alan García

¿A qué se refería el Presidente García con "reforma del espíritu"? Se han escrito muchos comentarios tratando de hacer una "exégesis" de esta esotérica frase. A lo mejor, recurrió al auxilio de Platón y su teoría del alma. O quizá se apoyó en el neotomismo. No lo sé. Pero, lo que necesitan los peruanos, según el Nuevo Testamento, para que se produzca el cambio en el espíritu no es una reforma. Debe producirse un nuevo nacimiento (Jn. 3.3) que no es producto de adaptaciones, ambientaciones, rehabilitaciones, terapias, teorapias, mea culpas. El nuevo nacimiento no se produce cuando una persona se adhiere a una confesión religiosa (incluida la bautista), aunque existan instituciones religiosas que por su poder se arrogan la exclusividad de ser "administradoras de la gracia". Ante lo cual la respuesta del Nuevo Testamento es "no", absolutamente no. Hoy, en el hemisferio norte de este continente hay algunos que son "tocados" en su consciencia, y que temen estar en contra de la institución que fundó Jesús y que se reserva el derecho de admisión, pero no de membresía, sino del cielo: extra Ecclesiam nulla salus ―"fuera de la Iglesia no hay salvación"―, que enunció Cipriano (Epist. 73, 21: PL 1.123 AB).
El nuevo nacimiento es obra de Dios por medio del Espíritu Santo.
"Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Jn. 3.5).
Algunos han interpretado que "agua" se refiere al bautismo. Craso error. Pues, si hubiera sido el bautismo Nicodemo hubiera dicho "¡bingo! está clarísimo ahora", sencillamente porque el rito bautismal era práctica común en aquellos días. Pero, el texto enfáticamente registra que Nicodemo seguía sin entender (vv. 9-10). Por otro lado, si agua=bautismo, y si el bautismo resulta ser tan necesario para entrar al reino de Dios ¿no es extraño que en la discusión desaparezca por completo? Es interesante notar que en los capítulos 14-16 de Juan, el Espíritu es presentado cumpliendo un rol poderoso y jamás se hace mención al bautismo en estos capítulos, ni se le menciona en conexión con la obra del Espíritu Santo. Notamos que la ecuación agua=bautismo proviene del prejuicio (falacia anacrónica) de creer que los primeros lectores de Juan entendieron así la ecuación.
En la expresión "agua y espíritu" εξ υδατος και πνευματος (ex ydatos ke pnevmatos) nótese que ambos nombres genitivos aparecen sin artículo y coordinados con la conjunción και (ke "y"). Y la preposición εξ (ex "de") gobierna a "agua y espíritu". Lo más natural es tomar esta construcción como una unidad conceptual, es decir, el nuevo nacimiento=nacer de agua-espíritu. Jesús está hablando con un maestro de Israel y por tanto el trasfondo de este diálogo debemos buscarlo en el Antiguo Testamento (cf. Ez. 36.25-27). Nicodemo conocía del asunto, pero obviamente no se le ocurría que la regeneración profetizada tuviese algo que ver con el rabí Jesús, quien por cierto era más que un carpintero con vocación de rabí. Era el Mesías, el Hijo de Dios que fue dado al mundo para que todo aquél que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna: el nuevo nacimiento y la entrada al reino de Dios.
Por tanto, no debe haber, para nosotros los cristianos que creemos en la sola Scriptura, sólo una reforma del espíritu. Debe producirse el nuevo nacimiento. Éste no se producirá en una sociedad que vive de espaldas a Dios, que pretende adorarle sin escucharle. Que se acuerda del Jesús de la Pasión, pero no del Cristo de la Segunda Venida con poder y gloria.
No habrá verdadera regeneración del espíritu sin Jesús el Mesías.
"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Jn. 14.6).
"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4.12).

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